Mi nombre es Rebeca, tengo veinticinco años y yo una vez juré que jamás pisaría un gimnasio. Ni siquiera llevaba mallas, ni chándal, ni nada que no fuera un impresionante par de tacones. Pues bien, bastante que digas que nunca vas a hacer una cosas, como para que la vida te lleve de cabeza hasta ello sin más remedio.

Siempre había estado delgada durante bastante tiempo, me mantenía porque cuidaba más o menos mi alimentación. Alguna vez, y a regañadientes me apunté a clases de spinning por recomendación de una antigua profesora de la carrera, lo que jamás me imaginé fue el revés tan enorme que la vida me proporcionó.

 

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Por circunstancias personales caí en una depresión muy severa que incluso me obligó a postergar mis estudios musicales durante un año para recuperarme. En ese momento me encontraba en el último año del conservatorio superior en la especialidad de piano, pero no me encontraba con fuerzas ni para levantarme de la cama. Me puse en tratamiento, y debido a la ansiedad tan enorme que acumulaba engordé en 3 meses más de veinticinco kg..

Yo la verdad, es que no me daba ni cuenta, sólo comía y comía y no era capaz de reconocer a la persona que tenía frente al espejo. Deshecha y psicológicamente muy afectada por mi radical deterioro físico, me encontré que mi sistema digestivo estaba totalmente destrozado por la alta medicación que me suministraban. No conseguía dormir, ni comer, ni estar feliz… y aquello no podía continuar sin que alguna desgracia aún peor tardase en ocurrirme.

 

Un día me levanté y dije que hasta aquí habíamos llegado, yo quería vivir. ¡Vivir! Mandé la medicación a freír monas, como se dice coloquialmente. Busqué por internet remedios naturales y poco a poco cambié la medicación química por la natural, lo que me permitió por fin poderme levantar de la cama. Cuando me pesé después de casi un año sin subirme a una báscula estaba en 82 kg, y eso que últimamente había perdido muchísimo peso.

 

Rebeca 02Siempre he sido muy alta (176 cm) y  los Kilos los disimulo bastante bien, pero tantos de golpe no había quien los escondiera. No sé ni tan si quiera yo lo que llegué a pesar, pero echando cuentas creo que desde mi peso original, no exagero si gané casi treinta kg.. No me resigné a quedarme así de por vida. En ese mismo momento, me apunté al gimnasio. El primer mes creo que fue el peor que yo recuerde de toda mi existencia, comía mucho menos y me mataba a ejercicio cardiovascular, pero no perdía peso pero ni por asomo. Me mataba a clases de spinning extenuantes y a interminables horas de elíptica que jamás parecían acabarse…Me mareaba por la calle, en el gimnasio y estuve enferma más días de lo que estaba bien. Mi cuerpo aún estaba lidiando con los terribles efectos secundarios de la medicación, y ya bastante tenía con la tarea de desintoxicarse, como para encima adelgazar…

Los médicos no lograron solucionarme nada, sólo me mandaban más pastillas. No me rendí, sabía que si seguía creando un déficit calórico mi cuerpo algún día debería comenzar a bajar de peso… pero esto comenzó casi a los dos meses de hacer ejercicio diario y pasar mucha pero que mucha ansiedad. Lloraba por las noches del hambre tan atroz que pasaba, algo que no se lo deseo ni a mi peor enemigo.

 

Entonces me planteé que algo debía estar en mi organismo mal, evidentemente, después de visitar todos los hospitales de mi ciudad, leyendo y buscando por internet, encontré que mi sistema digestivo había quedado devastado por la tan agresiva medicación. Intenté con dos millones de hierbas, visitas a naturalistas, a médicos que solamente me mandaban aún más pastillas las cuales me ponían todavía peor… y tomé una decisión:

 

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Hacerme vegetariana estricta. Ni carne, ni pescado, ni huevos, ni lácteos… y todo ecológico. Tuve que hacerme un planning yo solita de alimentación y suplementación deportiva para veganos, ya que todo el mundo me miraba muy raro y nadie me conseguía ayudar. Por supuesto que a mi médico no le dije ni mu; si se me hubiera ocurrido contar algo, con sólo que éste hubiera mirado la cantidad de antidepresivos que tomaba hace meses y voy yo con el rollo de que soy vegana, me podría ganar una receta para psiquiatría pero de cabeza.

Encontré mucha incomprensión ante tal decisión, pero sabía que no me quedaba otra si quería que mi intestino se curase. Y pasó lo que solamente yo sabía que tenía que pasar, comencé a sentirme mucho pero que mucho mejor. Mi cuerpo empezó a perder kilos de forma abismal. Al fin, casi seis meses después de comenzar a hacer ejercicio cardiovascular diariamente podía digerir la comida, comida de procedencia enteramente vegetal, y sé que sin el ejercicio eso no hubiera pasado.

 

 

Todo en mi vida cambió, pude ponerme a estudiar y acabé mi carrera de piano. La gente a final de curso no sabía si yo era la que estaba tocando, porque la chica que estaba en el escenario no coincidía con la que aparecía en la fotografía de mi currículum del concierto, y eso que me la había hecho solamente unos meses antes. Lo cierto es que nunca había estado mejor….Y no me imaginé la recompensa tan enorme que aún me deparaba la vida…

 

Rebeca 05Un día en el gimnasio comencé a ver vídeos de chicas con unos cuerpazos totalmente increíbles. Yo era ya muy delgada, mi sobrepeso había desaparecido sin dejar ningún rastro y la gente a penas me reconocía después de semejante cambio. Incluso me recomendaban engordar algo, porque estaba esquelética, pero yo no me iba a rendir. Después de haber perdido la barbaridad de al menos veinticinco kg. me negaba a conformarme con un cuerpo normal.  ¡Yo quería un cuerpo de quitar el hipo! Y no me importaba hacer lo que tuviera que hacer, supe ese mismo día que una chica fitness había nacido dentro de mí.

Tomé la decisión de cambiarme de gimnasio y encontrar un buen entrenador. Sólo entré por la puerta y dije que yo quería ser una chica fitness, no me importaba ni la dieta estricta ni la cantidad de horas de entrenamiento duro que tuviera que soportar. Cuando enseñé las fotos de cuando estaba con sobrepeso, nadie lo creía. Me daba miedo volver a probar la proteína animal, aún no sabía si mi cuerpo se había limpiado del estropicio, pero poco a poco mi entrenador me convenció para volver a comer carne y pescado.

 

Me fue poniendo entrenamientos adaptados y explicando toda la suplementación… ¡todo aquello me parecía poco sacrificio comparado con los veintitantos kg. que había perdido! El día que probé un trozo de pollo y sentí cómo mi cuerpo podía digerirlo y no me enfermé después de comerlo, supe que un ciclo había quedado atrás. Mi cuerpo comenzó a crecer y tuve que aumentar mi peso un poco para poder ganar masa muscular… y los resultados no tardaron en llegar…

Después de lidiar con la culpa de comer animales y llorar a pleno pulmón el día que probé el pescado después de casi un año, hoy, como carne como siempre y sigo entrenando después de 9 meses en serio con las pesas. El día que falto al gimnasio es o porque está cerrado o ha caído una hecatombe nuclear que me lo ha impedido. Me ha aportado tantos valores como persona, que si comparase mis resultados físicos con los psicológicos, ganarían por goleada estos últimos. Me hace sentir vital, alegre y veo la vida de otra forma. También los beneficios han llegado a los de mi alrededor.

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Mi novio al verme tan bien se apuntó al plan fitness y perdió 30 kg en 6 meses. Mi madre va por el mismo camino. La conversación normal en mi casa gira alrededor de repeticiones, kilómetros recorridos y calorías. Nuestro pasatiempo favorito es ir a ver ropa de deporte y suplementación. Tenemos un sitio reservado en la cocina para los botes de proteína, la levadura de cerveza, los omega 3…

Gracias al fitness he dejado atrás tan nefasto capítulo y todo lo que me rodea es mucho mejor. Ahora solamente pienso en el día a día y en seguir al pie de la letra lo que me dice mi entrenador. Sé que esto es una carrera de muchos años, pero mi ilusión a la par que mis músculos, crece a cada instante. El amor por el entrenamiento y por las pesas junto con el amor a mi piano, mueven mi vida.

Ojalá que algún día pueda subirme a un escenario, y no a tocar el piano, sino como una chica de la categoría bikini fitness… pero cada cosa a su tiempo. De momento disfruto de mis resultados después de tanto sacrificio. Actualmente, aparte de ser pianista de profesión, soy modelo. Disfruto plenamente tanto posando ante la cámara como entrenando. No sé hacia dónde me dirijo exactamente, pero si el fitness está conmigo, solamente puede ser algo realmente bueno.

 

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Rebeca Crucera

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