Todo empezó allá por el año 2000. Tenía 17 años y era el típico “gordi-flaco” como le llamo yo, es decir, chico en apariencia delgado, pero con bastante grasa localizada en la zona media, patrón bastante común en los hombres. Quería transformar mi físico y por eso me apunté por primera vez a un gimnasio. Recuerdo que pensaba que sería sencillo, una cuestión de meses el empezar a verme bien, pero en mi caso concreto la cosa fue mucho más complicada, de hecho en mi primer año de entrenamiento más que evolucionar fui para atrás…

 

 

Leía por Internet un montón de información confusa que no sabía cómo aplicar. Me complicaba la vida en exceso y al final lo hacía todo mal. Dicen que al principio es cuando teóricamente más mejoras y evolucionas sin darte cuenta, pero nada más lejos de la realidad. O haces las cosas bien, o puedes tirarte años con el mismo físico… A no ser que tengas una gran genética claro, que no es mi caso ni el del 99% por ciento de los mortales.

 

Al ver que era incapaz de mejorar por mis propios medios, me puse en manos de mi primer preparador, que aunque no era especialmente brillante, supo enseñarme los principios básicos de este deporte y a partir de ahí comencé a despegar. Era octubre de 2001.

 

 

 

Mucho tiempo después de empezar a entrenar, unos 6 años más tarde, me planteé de verdad el reto de competir. Antes hice una intentona sin éxito, pues era demasiado joven y no estaba preparado ni física ni sobre todo mentalmente para afrontar algo así.

En verano de 2006 sin embargo me lo propuse con firmeza, sin tener mucha idea de donde me metía, pues nadie de mi entorno practicaba culturismo de competición ni nada por el estilo.. Fui “a pelo”, con ilusión más que otra cosa, y disfruté mucho la experiencia, aunque a diferencia de muchos competidores a mí la competición en sí no es algo que me apasione.

Con el tiempo sí que es verdad que llegué a disfrutarlo un poco más, pero lo que a mí me enamora de esto es la preparación en sí, el ser capaz de llevar tu cuerpo al límite, ver como mejoras, plantearte cada entrenamiento como un reto para intentar hacerlo mejor que el día anterior, aguantar con la dieta cuando lo fácil es abandonar y comerte un buen trozo de helado o pegarte una buena noche de fiesta para desconectar… Me gusta eso, disfruto el proceso.. La competición en sí es algo que está ahí, pero no me pierde, de hecho en mi mente está volver a competir y hacerlo pronto, muy pronto, pero no durante muchos años más, eso seguro.

 

 

Desde 2003 que hice mi primer curso de monitor de musculación no había dejado de formarme todo lo que pude. Hacía todos los cursos de entrenamiento y nutrición que veía que podían resultar de interés, me hice entrenador personal por la NSCA, realicé varios máster a nivel universitario de entrenamiento personal y nutrición deportiva, además de la carrera de maestro de Educación Física y la Licenciatura de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. A pesar de mi formación nunca pensé que podría dedicarme profesionalmente a lo que realmente me apasionaba, que no era más que ayudar a la gente a mejorar su físico y su salud a través de la práctica de ejercicio y una correcta nutrición.

 

 

En 2009 comencé a trabajar en una tienda de nutrición deportiva y casi sin darme cuenta empecé a asesorar gente. Disfrutaba haciendo lo que me gustaba y encima me ganaba la vida con ello, ¿qué más podía pedir? A día de hoy sigo haciéndolo con las mismas ganas que cuando empecé, de hecho aún conservo clientes de aquella época y para mí no existe nada más reconfortante que reconozcan y valoren tu trabajo cuando realmente das todo lo mejor de ti.

 

Lo maravilloso de mi trabajo es que me permite ayudar a muchas personas a cumplir un sueño. Cuando alguien se pone en mis manos y paga un dinero que siempre cuesta mucho ganar, es porque no es un juego, ni para él o ella, ni por supuesto para mí. Me implico al 200 por 100 y espero recibir lo mismo, entonces ves que los resultados llegan, la persona cumple sus expectativas iniciales y entonces quiere ir a más.. Somos inconformistas y casi nunca nos conformamos con lo que tenemos. Me gusta lo que hago y disfruto de mi trabajo.. Pasan los años y no me cansa.. No pierdo la ilusión ni en mi preparación ni en la de mis clientes, ya sean atletas de competición (que dicho sea de paso son los menos), o no.. Me pasa un poco como aquellos que llevan casados 25 años y tienen la ilusión del primer día.

¿Un sueño? Volver a competir y volver a ser campeón de España. Ha llovido mucho desde 2010 en que lo conseguí, he sufrido dos lesiones graves e incluso estuve más de un año completamente desconectado de este mundo y sin ni siquiera ganas de estar fuerte. Ahora quiero volver, mejorar el físico que tenía y volver a ser competitivo. Quiero viajar, vivir una temporada de competiciones en primera persona, pues llevo años haciéndolo como entrenador, viendo los toros desde la barrera, y tengo ganas de volver al ruedo.

 

 

 

Admiro muchos atletas y entrenadores, tanto a nivel nacional como internacional. Me gusta especialmente escuchar a la gente que lleva años en este deporte para poder aprender de ellos, por eso siempre he tenido preparadores, unos mejores que otros sí, pero como siempre digo todos me han aportado algo, incluso los más incompetentes, que también los hay. Admiro también a todos aquellos que llevan practicando este deporte décadas y continúan con la misma ilusión del primer día.

 

Despuntar una temporada es algo relativamente habitual, hacerlo durante años es lo complicado, mantenerte en la brecha perdurando en el tiempo exige una disciplina y una dedicación hacia nuestro estilo de vida que sólo los que están hechos de otra pasta son capaces de aguantar.

Siempre digo que los que practicamos culturismo, fitness o como lo queráis llamar no somos un ejemplo de nada, al menos no por hacerlo, pues en realidad somos unos auténticos privilegiados por haber encontrado una motivación permanente en nuestras vidas.

 

 

 

Lo que no soporto son los vende motos que proliferan especialmente por las redes sociales. Chavales que llevan 4 días en esto y van de preparadores nivel pro, sin una base sólida sobre la que fundamentar nada, sin la experiencia suficiente como para atreverse a asesorar a nadie y mucho menos cobrar por ello. Son esos que piensan que lo saben todo con hacer un curso de fin de semana de “Personal Trainer” y leer el abstract de las últimas publicaciones de PubMed y que afirman que dos más dos son cuatro Y PUNTO.

Cuanto más tiempo llevas en esto más te das cuenta de que son muchos los caminos que pueden conducir a Roma, que no hay nada escrito, que todo puede tener sentido según qué momento y según qué persona. Por suerte, el tiempo pone a cada uno en su lugar y la figura de esos personajes caerá por su propio peso.

Quería finalizar mi historia con algo parecido a un consejo que me gustaría dar a todo aquel que se proponga con firmeza un reto como puede ser el tener “un cuerpo diez”. No dejéis que nada ni nadie os diga hasta dónde podéis llegar. Es impresionante lo que un cuerpo puede llegar a cambiar, vuestro techo está mucho más lejos de lo que seguramente sea el físico que queráis llegar a tener. Con determinación, disciplina, tiempo y confianza en uno mismo es posible conseguir casi cualquier cosa, así que ¡¡a por ello!!

 

 

Jesús Gallego

Entrenador personal, asesor nutricional y culturista de competición

 

 

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